Raúl Courel

RAÚL COUREL

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“Virtud grande es callar…
guarda cuidadosamente la lengua, porque en el mucho hablar no faltará pecado”

(San Ambrosio, Tratado de las vírgenes, Ed. TOR, p.82)

El psicoanálisis como hecho social no escapa a las condiciones discursivas de la civilización, observación de la mayor importancia para el sostén de su práctica misma.
Considerando el funcionamiento grupal de los analistas Lacan advirtió que en la vía del poder sobre un grupo juega un papel esencial el ejercicio del silencio.
En su escrito “Situación del psicoanálisis en 1956” señalaba que la organización contemporánea de los psicoanalistas “obliga al habla[1] a caminar entre dos muros de silencio” (Ev,2, p. 204).
Tales “muros” están constituidos por las “suficiencias” y los “zapatitos”[2], ambos roles silentes en sus funciones de sostén de la invisibilidad contemporánea del poder. Es “una política de silencio tenaz”, observa Lacan, “la que debe encontrar su vía hacia la Beatitud” (Ev, 2, p. 205).
Una “razón de grupo” explica esos silencios,
ellos callan porque presienten, aun desconociéndolo, que “no hay que turbar a las Beatitudes[3]” (Ev, 2, p. 205).
La “ignorancia crasa” que Lacan observa en el psicoanálisis por la falta de “crítica de sus fuentes”,
junto a los “efectos de identificación imaginaria cuya esencia reveló Freud”, presentes como “suficiencia encarnada”, fundan “la comunión del grupo… a
expensas de toda comunicación articulada” (Ev2: 211).
Lacan no vacila en referir esta psicología, social, con
la expresión “terror conformista” (Ev2: 212). Pero no se trata sólo del funcionamiento grupal de los analistas, los términos con que Lacan se refiere a
éstos pueden intervenir en la lectura del funcionamiento de los grupos en
general. Por esta razón, este escrito suyo puede ser considerado un complemento de la Psicología de las masas y análisis del yo de Freud.


[1] En el texto en castellano dice “palabra”, pero encontramos que la traducción del francés aquí debe ser “habla”.
[2][2] En francés "petit souliers", significando
personas que estando disconformes soportan su disconformidad disimulándola, brevemente: “disconformes disimulados”.
[3] Para la lectura de este “rol” en el grupo de analistas conviene recordar la
acepción de “beatitud” que refiere la bienaventuranza eterna de las almas y que supone un estado de felicidad y placidez que es premio a la virtud, antónimo de pecado.

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